Siempre creí y aún creo que la felicidad no dura para siempre.
Es como una montaña rusa, estás en la cima de la felicidad pero con tan sólo un empujón caes al abismo, te encuentras en un pozo hondo sin fin y si hay fin podrías llegar tan solo con unas palabras, actos y desilusiones.
Siempre debemos estar preparados para lo que pueda pasar en un futuro. Siempre tenemos que medir lo que decimos y hacemos, tal vez podamos ser nosotros quienes demos ese pequeño "empujón" para que otro caiga al abismo o tal vez otra persona puede hacer que nosotros caigamos al abismo sin importar que tan oscuro este allí. Sí, para mí el abismo es un lugar dónde algunos ya estuvieron, otros están y muchos otros aún no han llegado. Es algo que sí o sí a todos nos toca.
La mayoría de las personas que pasan por ese lugar es en la adolescencia. Cuando dejamos de ser los niños que no tienen problemas y que no importa lo ridículo que te puedas ver siempre eres feliz.
Pero tampoco somos grandes.
Estamos en el medio, dónde tenemos que descartar y seleccionar opciones que la vida nos da, dónde tenemos que madurar, dónde muchos de los que creías que eran tus amigos/as te decepcionan, dónde vienen nuevas amistades que ya no sabes si confiar o no, dónde tienes que ser más responsable.
Y ahí es cuando llega tu primer amor, con el que das tu primer beso, con el que compartes secretos que tal vez nadie los sepa, dónde le dedicas tiempo, espacio y amor, todo tu amor, toda tu ternura. Esa persona la cuál planeabas un futuro con hijos y casados te decepciona, te hunde, te destroza.
Vas sumando decepciones y te quedan cortos los números de una cifra.
Dejas de comer, tu autoestima baja cada vez más y llega el punto en el que te preguntas ¿qué es tener autoestima? Crees que el problema de todas tus tristeza eres tú y que algo anda mal en ti entonces optas por dejar de existir, te cansas de tanto dolor, te cansas de tanto llanto, te cansas de vivir.
Y ahí es cuando haces el primer corte de tu piel, el primer corte que jamás te lo olvidas, el primer corte en el cuál te asustas un poco por toda la sangre que tu brazo derrama, el primer corte en el cuál no sabes medir qué te duele más si tu brazo o tu corazón, el primer corte en el cuál recuerdas todas las cosas malas y decides por seguir haciendo cortes uno al lado del otro, sin parar, hasta que ya no aguantas el dolor y paras.
Puede que tu primer corte te mate o puede que no. Puede que eso te haga sentir mejor o puede que no. Puede que tengas ganas de seguir marcando tus brazos con cortes para quitarte de una vez tu propia vida o puede que no. Lo decides tú. Pero...aveces es muy tarde para decidir y ya no tienes más opciones. ¿Qué pasó con la niña feliz? ¿Qué pasó con las personas que te decían "siempre estaré para ti" "cuenta conmigo siempre" "nunca estarás sola". ¿Dónde estuvieron todo este tiempo? ¿Se acordarán de mí? ¿Me extrañaran si muero? ¿Me irán a visitar al hospital si me internan?
Hay tantas preguntas sin respuestas, hay tanta depresión en un sólo cuerpo.
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